Comanda, cocina, almacén y cobro en la misma tableta. Con el escandallo dentro, no en un Excel que nadie actualiza. Hecho en Tenerife, para terrazas de aquí.
Pones la receta una vez, con tu cocinero, el día de la instalación. A partir de ahí cada plato de la carta lleva su coste y su margen, calculados con tus precios de compra. Cambias un gramaje y el margen se mueve delante de ti.
Huevos revueltos
Se vende a 4,00 € · base 3,74 € con el 7 %
El almacén se descuenta solo al enviar a cocina, y por todos los ingredientes: una tosta con salmón gasta pan, salmón y aguacate, no uno de los tres.
Cuando un ingrediente se acaba, los platos que lo llevan desaparecen de la carta sin que nadie tenga que avisar a nadie.
Y al final del turno sabes qué te ha dejado el servicio, no sólo lo que has facturado.
La comanda, el envío a cocina, el stock y el cambio de mesa funcionan en la propia tableta. No hay nada que esperar de internet para atender una mesa.
El cobro se hace y queda firmado y guardado. Sin línea, el cliente se lleva un justificante provisional y la factura se expide al registrarse la operación.
El camarero toma nota y la barra manda: una sola cabeza lleva el stock y las mesas, para que dos personas no vendan la última ración.
Comandea está en piloto. Esto es lo que funciona hoy y lo que no, para que nadie se lleve una sorpresa después de pagar.
El productor de un sistema informático de facturación debe declarar, bajo su responsabilidad, que el software cumple el reglamento, y tener esa declaración disponible antes de la compra. Aquí está la de Comandea, en el estado en el que se encuentra.
Comandea lo desarrollo yo, Stefan Bogdan Doleanu, desde San Miguel de Abona. No hay un centro de soporte en otro país ni un comercial que te llame cada mes: si algo falla, hablas conmigo. El primer local está en Los Abrigos.